La situación actual de nuestro
país nos da a pensar que los colombianos aún no estamos preparados para la paz.
Para comenzar, cuando observamos los
rostros en la calle, vemos como las personas caminan de forma indiferente a las
realidades de quienes están a su lado; así
mismo la mayoría de los colombianos
no asumimos la responsabilidad de nuestros actos, creemos que solo los demás se
equivocan y continuamos nuestro
camino sin mirar siquiera atrás; en el
fondo lo que poseemos es un gran miedo a
asumir nuestra realidad, o sea,
nuestro temor a perder el ideal de país, de ciudad y de barrio; en otras palabras, nos refugiamos en
nuestro egoísmo para soportar de forma menos dolorosa nuestra realidad de
violencia, desamparo y terrorismo. Es
más, los colombianos al parecer ya no encontramos emoción si no en lo
caótico de nuestras ciudades, en la premura de nuestras vidas y en lo
amarillista de los noticieros. En
resumen podríamos decir que Colombia es el país esperanzado en la paz ajena
a los colombianos desesperanzados.
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